Tanto la flora indígena como la fauna silvestre que habita en ella constituyen en sí recursos naturales que el hombre convierte en bienes para la satisfacción de sus necesidades, sea por simple apropiación, o indirectamente como en el caso de las praderas naturales (para transformarlas en carne) o como en el de los bosques (materias primas para la industria). Entre praderas y bosques naturales cubren la mitad de la tierra emergida en el mundo (21 por ciento de praderas; 30 por ciento los bosques). La fauna terrestre y aérea es imposible de cuantificar y sólo podemos apreciar su ámbito de acción, que no es otro que el área cubierta por la flora indígena. La flora es quizás el recurso más fácil de reconocer, por lo menos a nivel de continente; pero muy probablemente a nivel de región. Esto se debe a su escasa autonomía de desplazamiento, que hace que la difusión de las especies autóctonas sea muy circunscripta. Son contadas las especies, de entre más de 250.000 fanerógamas conocidas, que son comunes, en estado natural, a distintos continentes. En estos casos, constituyen una prueba de antiguas uniones entre los mismos. Tanto las praderas naturales como los bosques autóctonos, tienden a ser mejorados o acrecentados por el hombre presionado por la creciente demanda.
La flora silvestre de la Argentina. Regiones fitogeográficas
La gran extensión territorial del país, y como consecuencia la diversidad de climas, determinan un paisaje fitogeográfico muy variado, en el cual están representadas casi todas las formaciones o tipos de asociación vegetal. Algunas de esas formaciones revisten interés económico; otras, un mero atractivo para los botánicos o como hábitat de la correspondiente fauna. El naturalista Hauman distingue nueve provincias botánicas, clasificación que sigue luego Parodi, modificándose levemente. Adoptaremos la de este último, quien describe las diez regiones fitogeográficas, que se detallan a continuación agrupadas de acuerdo con el clima que las origina. Es de hacer notar que solamente cuatro de estas provincias o regiones fitogeográficas son exclusivamente argentinas. El resto son parte de formaciones que provienen de o se prolongan hacia países vecinos.
La flora y la fauna invasoras
Flora dañina. Hemos visto hasta aquí la distribución geográfica de las plantas silvestres y de los animales salvajes que constituyen recursos naturales que el hombre puede aprovechar. Ahora bien; en ambos reinos de la naturaleza existen especies que en lugar de implicar riquezas destruyen las existentes o, por lo menos, disminuyen su valor. En el primer caso se trata de malezas, enredaderas o arbustos que compiten con las especies útiles, terminando en algunos casos por suplantarlas. El número de especies invasoras conocidas en nuestro país es elevadísimo. El botánico Parodi registró 320 de las más importantes. Las más agresivas y que está probado causan graves perjuicios son declaradas plaga de la agricultura por decreto en función de la ley 4863 de 1905, llamada de Defensa Agrícola. Hasta ahora suman alrededor de 30 las especies declaradas plaga nacional, cuya extinción es obligatoria. En nuestro país a las plantas intrusas se las denomina genéricamente yuyos, voz quichua que significa hierba. Además de las malezas de tipo herbáceo existen algunas arbustivas que llegan a dominar regiones enteras, al punto de que, al mismo tiempo que se procura su extirpación, se les busca una aleatoria aplicación económica. EI caso más típico es el del vinal, que es una especie de algarrobo que invade extensas zonas de Santiago del Estero y del oeste del Chaco. Fauna dañina. Respecto de los animales dañinos, es decir los depredadores de la agricultura, sería largo enumerarlos, particularmente cuando se trata de insectos. Entre los animales superiores, tal vez los que causan más estragos son los roedores, tanto en los propios cultivos (devoran las raíces) como en Ios productos almacenados.

El subsuelo
Los recursos no renovables o agotables son todos aquellos de naturaleza inorgánica, que no se renuevan naturalmente; de modo que su magnitud permanece estable mientras no son explotados. De todas maneras, muchos de ellos no se pierden totalmente por el uso, sino que son recuperables; tal es el caso de los metales. En cambio, no hay posibilidad de reposición en el caso de los combustibles minerales. Además de los minerales sean metalíferos o no metalíferos que constituyen el núcleo principal de los recursos típicamente agotables, corresponde indicar que, tanto el recurso suelo, como la flora y la fauna silvestres (de tierra y de agua) pueden adquirir la condición de agotables cuando se hace uso irracional de los mismos; es decir, cuando no se permite que puedan cumplir el ciclo normal de su autor renovación. La diferencia consiste en que en estos casos hay posibilidad de recuperación (corrección de un suelo degradado, plantación de árboles, regeneración de una pradera degradada, repoblación animal, etc.). Respecto de los combustibles minerales, es de hacer notar que si bien, tanto el carbón como el petróleo, son de origen orgánico, deben ser considerados como recursos no renovables, dado que el ritmo al que son explotados supera al de su formación natural, que se supone puede ser constante.

