La gravitación de productos agrícolas y ganaderos en la exportación

El desarrollo de las curvas que miden la gravitación de los productos agrícolas y ganaderos es recíproco; a medida que el proceso agrícola cobró firmeza el porcentaje que representa en la exportación el valor de sus productos crece en la misma medida que decrecen los ganaderos. Poco después de 1900 ambas curvas se cruzan y solamente se registran variaciones relativas en concordancia con la guerra 1914/18. Durante ella Ia dificultad para el transporte hizo preferir la exportación de productos ganaderos sobre los agrícolas; inmediatamente a su terminación. los agrícolas retomaron los valores relativos anteriores a 1914. hasta lograr casi el 60%, como promedio del quinquenio 1925/29. La superación de la agricultura sobre la ganadería es, pues, un acontecimiento ocurrido íntegramente durante el período de expansión del frigorífico, es decir, es característico de la etapa agrícola ganadera que se inicia al quedar cancelada la exportación de ganado en pie. En cuanto se refiere a la variación de la suma de ambos rubros, se puede comprobar que ella creció perceptiblemente entre el primero y el segundo quinquenio del siglo, lo que significa un asentamiento de la producción de la zona cereal. En 1910/14 se inicia una pequeña reducción que toca su mínimo en el quinquenio 1915/19; ella se debe a las dificultades del transporte y al consecuente progreso de la industria manufacturera local que durante esos años pudo intentar no solamente la satisfacción de algunas necesidades locales, sino aun trascender hacia el exterior. Terminada la guerra, retorna el predominio de los productos agrícolas ganaderos cuya importancia relativa conjunta alcanza su máximo en 1925/29 al representar el 96,12 % del valor total de la exportación.

Algunas consideraciones finales

La crisis de 1929 halló a este proceso agrícola ganadero dentro de las características en que se había realizado, en un alto grado de saturación. El país no podía ya ser contenido en la zona del Shorthorn y menos aún con la finalidad que esta etapa de la evolución económica le había acordado. Las fuerzas productivas acumuladas en su interior, empujaban hacia otras formas económicas y lo hacían con tal pujanza que ya no sería posible contenerse mediante los recursos hasta ahí utilizados. El frigorífico había llevado las posibilidades progresivas del capitalismo en la agricultura argentina hasta sus extremas consecuencias. La crisis, al par que había sacado a la superficie todas las causas profundas que turbaban el desarrollo de estos acontecimientos, había significado un fuerte estímulo hacia la transformación cualitativa de las formas económicas. Ambos aspectos de la crisis, sin duda conscientes uno del otro, acordaban a la modificación del régimen legal de la tierra el carácter de condición ineludible del pasaje a una economía progresiva. Como quiera que estas transformaciones se cumplan a saltos, no es habitual que lo hagan en forma vertical. Su mayor o menor discordancia con esta última, depende tanto del ímpetu que le acuerden las fuerzas interesadas que se mueven en sentido favorable, como la resistencia que le opongan las demás. Esa modificación viene acordando predominio a la economía industrial sobre la agropecuaria. Ella se cumple con el tono inexorable que es característico de los cambios sociales profundos. Había ocurrido anteriormente un salto similar, al pasar de la llamada “civilización del cuero”, a la del tasajo; luego de ésta, a la de la lana y, finalmente, de ella a la de la carne. 

En cada etapa, la economía argentina había realizado un ponderable esfuerzo por adaptar su producción a las exigencias del mercado exterior. Cada una requería sus medidas protectoras, poseía su técnica propia y modelaba sus normas económicas; todo ello se traducía por la formación de sectores afines en intereses, de grupos dirigentes, de organismos políticos adecuados. Cada etapa desarrollaba en diversa medida las posibilidades productivas de la mercancía que le daba calificación; al expandir los recursos que movilizaban la producción, terminaba por agotar su capacidad de perfeccionamiento y exaltar las contradicciones que surgían en el seno de aquélla, hasta violentar el pasaje a una nueva forma que, sin excluir el objeto de la producción, lo supera, acordándose mejores condiciones de desempeño. El tasajo no elimina la venta del cuero, así como la producción de lana podía convivir con la de carne; pero tanto en uno como en otro caso, el nuevo producto resultaba consecuencia de un proceso de mejoramiento del anterior y surgía como resultado de esa superación. La necesidad de mejorar la carne incluía la mejor calidad del cuero, así como la imposición de un definido tipo de lana obligaba a enaltecer las condiciones del animal. El frigorífico comenzó por imponer el mejoramiento de las razas; por extensión el de los campos; de ahí la agricultura y en definitiva las formas superiores del enfriado. Todas esas condiciones, que llevaron a sus extremos límites de perfeccionamiento a las industrias agropecuarias, engendraron internamente su propia contradicción y ella era la paralización del resto del país, fuera de la zona del frigorífico; la aglutinación de toda actividad productiva alrededor del tipo superior de producción, es decir, el encierro del país dentro de su zona propicia y, desde luego, dentro del sector económico que concentraba y reunía en sus manos todo el haz de recursos productivos. El frigorífico, en su proceso de constante perfeccionamiento, había creado, pues, su propia contradicción y desde luego, había engendrado el instrumento necesario para superarlo: la industria manufacturera había surgido a lo largo de su desenvolvimiento, un poco como consecuencia directa del mismo, y mucho, bajo la forma de soluciones parciales destinadas a neutralizar algunos de sus inconvenientes. Estos hechos se hallaban en marcha desde el instante mismo en que el frigorífico comenzó su etapa de expansión y afianzamiento; para trascender bajo el aspecto de nuevas formas económicas, en la plenitud de su desarrollo, precisaba un acontecimiento que lo impulsa de manera enérgica. Ninguno de la violencia y de la oportunidad de la crisis de 1929. Los escalones mencionados tuvieron ejecución con un denominador común que era la doctrina económica, por cuya virtud su cumplimiento puede realizarse de acuerdo a líneas dotadas de cierta homogeneidad.