La crisis de 1929 puso de manifiesto la insuficiencia de los trusts y de los convenios privados para mantener la organización económica: no bastaba ser propietario del producto para mantener el beneficio; era necesario en cambio poder actuar sobre todos los resortes de la economía, poder de compra, moneda, finanzas, comercio exterior, etc. Empero no era el armazón del trust el insuficiente, sino su empleo demasiado limitado para rendir lo que exigía su defensa. Precisaba afrontar una dirección más amplia que no se redujese a una sola rama, que abarcase en su acción a toda la economía. El principio del trust precisaba ser aplicado a toda la economía. La economía dirigida era pues una forma del capitalismo apropiada a una etapa de su desarrollo. No tiene ningún elemento anticapitalista; no es en definitiva más que una forma de defender el beneficio. Pero esa forma de defensa no estaba madura hacia 1920 cuando los economistas de Cambridge la propusieron, sencillamente porque ella formaba parte de un conjunto cuya ligazón requería una causa tan tremenda como la crisis de 1929. La decena subsiguiente halló su clima apropiado y debe suponerse que no constituyendo la Argentina un islote situado en medio del mar, tuvo oportunidad de encauzar su economía hacia el fortalecimiento de los poderes del Estado y la intervención de éste en lo íntimo de su proceso. Como ocurre con toda fuerza, lo importante de ella, además de su intensidad, es el sentido en que actúa; el caso de la economía dirigida no constituye una excepción. Lo importante continúa siendo la extensión en que ella se realiza y en determinar en favor de quién se “dirige”.
Los acontecimientos culminantes de la política bancaria de 1900 a 1930 son por su orden, el afianzamiento y expansión del Banco de la Nación; la incorporación al sistema bancario del capital norteamericano; y consecuentemente el proceso de concentración de los capitales en un cierto número de establecimientos. La ley de 1891, creando el Banco de la Nación no había conducido a los resultados previstos; el propósito de crear un banco mixto había fracasado, cuando hacia 1904 no había logrado colocarse aún la primera serie de 10 millones, a pesar de las distintas prórrogas fijadas para la suscripción de acciones. Su propio desenvolvimiento, traducido por el monto de préstamos y depósitos, era pequeño relativamente al crecimiento de la producción. En septiembre de 1904 comienza la discusión de un proyecto de modificación de la institución que luego de aprobado fue la ley 4507. Mediante ella, el Banco de la Nación perdía su condición de Banco mixto y se transformaba en un banco de Estado. “La acción del banco decía el ministro de hacienda durante la discusión en la Cámara de Diputados no puede ser considerada con el mismo criterio con que los accionistas miran la marcha de los establecimientos de crédito que contribuyen a formar con sus capitales” El ministro planeaba un banco de Estado, destinado a “fomentar el trabajo del individuo aplicado a la tierra”. El Banco de la Nación, de acuerdo al nuevo ordenamiento orientaría su acción en el ámbito de la economía agropecuaria, dejando a los bancos de capital extranjero el de la economía comercial.

En la época mencionada, además de los bancos enumerados oportunamente, habían incorporado sus capitales a los negocios argentinos el E. Tornquist y Cía., el español y Río de la Plata, el Banco de Canadá. el de Galicia, ambos norteamericanos, etc. El censo de 1925 había hallado 91 bancos en funcionamiento. La reconstrucción del Banco de la Nación, se hacía sobre la base de sus 50 millones originarios aportados ahora por el Estado: la ley 5129 de setiembre de 1907, aumentaba ese capital en otros 50 millones: y un año más tarde la ley 5681 lo acrecentaba aún en 17,8 millones oro. Concordantemente con los propósitos enunciados por el ministro durante el debate recordado, los préstamos en general, acordados por el banco y distribuidos en sectores económicos han sido los siguientes; expresadas las cifras en millones de pesos y agrupadas en los períodos que se mencionan: Se puede observar, a través de las cifras globales, que solamente el 27,2% de sus préstamos corresponden a las industrias agropecuarias y aproximadamente otro tanto al comercio; las industrias manufactureras han sido casi tan mezquinamente ayudadas como la agricultura, en tanto que los “otros gremios”recibieron el 40,2 % de los préstamos. En estos últimos, debe advertirse la existencia de 4 mil millones de pesos acordados en préstamos a otros bancos entre los años 1925 y 29; el resto corresponde sin duda a los préstamos de carácter personal, es decir a los acordados al titular sin perjuicio del oficio que desempeña; desglosando las cifras referentes a estos préstamos, se puede comprobar que el 24,5 se refiere a ellos. Los préstamos a los agricultores han seguido oscilaciones contrarias a los precios: es decir han decrecido cuando las condiciones económicas de los agricultores eran menos favorables, como ocurrió durante el período de la guerra y se acrecentaron en los períodos de auge, como en 1905/13 y 1921/29, lo cual no implica precisamente una ayuda muy eficaz. En cuanto a los acordados a la ganadería ellos aumentan sin cesar independientemente de las fluctuaciones del negocio ganadero. Durante la crisis de 1913, los préstamos de la ganadería alcanzaron a 220 millones, marcando el máximo anual del período 1905/18; nuevamente durante la crisis de 1922, esos préstamos acusaron un máximo absoluto de 412 millones.

