La preocupación por el cuidado del planeta atraviesa la gestión de patrimonio. Un punteo de los cambios vigentes.
En la última década, la preocupación por el impacto del cambio climático ocupa un importante lugar en la agenda mundial. Este aspecto atraviesa la toma de decisiones financiera en la gestión de patrimonios, causando una transformación requiriendo una gran adaptación.
Tanto los inversores como las empresas atraviesan una transición hacia acciones más sostenibles, y esto impacta de manera especial en las gestiones.
Un nuevo paradigma para la inversión
El cambio climático plantea riesgos para las economías globales, afectando desde los rendimientos hasta la estabilidad de mercados enteros. Por ello se implementan los llamados criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), que proponen que las compañías implementen prácticas sostenibles para ser más resilientes frente a cambios regulatorios.
No obstante, los estragos de este escenario son diversos y se pueden caracterizar en dos categorías principales: físicos y de transición.
Al hablar de los riesgos físicos se refiere a eventos climáticos extremos como huracanes, sequías e incendios forestales, que no solo impactan en propiedades y negocios, sino también alteran cadenas de suministro y reducen el valor de los activos en sectores vulnerables como es la agricultura.
En cambio, al hablar de los riesgos de transición se indican que se tratan de la adaptación hacia una economía baja en carbono, cuestión que requiere cambios regulatorios, tecnológicos y de mercado.
Teniendo en cuenta ambas categorías, es necesaria una adaptación de medidas globales para minimizar las consecuencias del cambio climático, como así también aprovechar las oportunidades que se generan, como es el crecimiento de las inversiones en energías renovables y prácticas sostenibles.
En cuanto al impacto que esta transformación tiene en los portafolios, se distingue cierta desvalorización de aquellas empresas con grandes emisiones de carbono debido a que enfrentan un riesgo significativo de regulaciones estrictas. Los sectores energéticos y de transporte son ejemplo de ello.
También, los bonos municipales también están en riesgo, especialmente aquellos emitidos por regiones expuestas a desastres naturales. En este sentido, muchos gestores aplican herramientas de análisis climático para evaluar la resiliencia de los activos en estos escenarios.

En este escenario, la planificación patrimonial también está transformándose teniendo en cuenta la influencia del cambio climático con la incorporación de estrategias sostenibles en fideicomisos y testamentos permite no solo preservar el patrimonio, sino también garantizar que se utilicen de forma responsable.
Ante esto, también, las familias de alto patrimonio están mostrando un creciente interés y adaptación con la sostenibilidad intergeneracional, incluyendo la educación de las nuevas generaciones.
En este escenario, los gestores de patrimonios tienen en claro que abordar el cambio climático no es una opción, sino una necesidad, por lo que sumar sostenibilidad en las estrategias de inversión es un hecho, para tener en cuenta riesgos y un enfoque claro para garantizar la preservación y el crecimiento del patrimonio a largo plazo.
La gestión de patrimonios debe tener un respaldo para enfrentar los desafíos y aprovechar las oportunidades de esta nueva era.