Estos tres factores son fundamentales en la administración financiera, en un escenario cambiante. Un punteo sobre sus aplicaciones en las carteras.
La volatilidad es uno de los factores protagonistas en las finanzas mundiales, por ello la gestión patrimonial debe adaptarse para obtener casos de éxito y minimizar pérdidas. El equilibrio entre riesgo, rentabilidad y sostenibilidad cobra gran relevancia para el cumplimiento de objetivos.
Este equilibrio pauta las prioridades que administrar para los gestores de patrimonios y, además, transforma la forma en la que los clientes de alto valor toman y determinan decisiones respecto a sus inversiones.
El nuevo paradigma en la gestión de patrimonios
La gestión del patrimonio es el procedimiento en el que se realiza la administración de los bienes de una persona, empresa o sociedad. Se busca maximizar su patrimonio y minimizar riesgos de pérdidas.
Hasta hace poco tiempo, esta actividad financiera se enfocaba principalmente en la relación entre riesgo y rentabilidad. Pero en los últimos años, la sostenibilidad se posicionó como factor relevante debido a los cambios regulatorios, presiones sociales y la conciencia sobre la responsabilidad ambiental y social.
Este aspecto es de suma relevancia, ya que una gestión no puede realizarse aislada de las preocupaciones mundiales, que van desde el cambio climático hasta las desigualdades económicas y sociales. De allí, la adaptación al panorama global en la administración con integración de diversos parámetros.
Gestionar bajo el riesgo, rentabilidad y sostenibilidad
En la actualidad los gestores patrimoniales trabajan bajo tres conceptos que atraviesan sus estrategias y planificación: riesgo, rentabilidad y sostenibilidad.
La volatilidad de los mercados globales, las tasas de interés en alza y los conflictos geopolíticos agudizan el escenario en la gestión de patrimonios, como es el cambio climático. Por ello, los gestores tienen la tarea de identificar estos factores que pueden impactar negativamente.
El uso de la inteligencia artificial (IA) y big data son herramientas necesarias en este sentido, ya que permiten analizar riesgos con precisión y en tiempo real.

El segundo concepto fundamental en este escenario es la rentabilidad, que se mide en términos de impacto social y ambiental, ya que las inversiones sostenibles demostraron que es posible obtener rendimientos competitivos mientras se promueve un impacto positivo.
También, la rentabilidad se evalúa en términos de la industria tecnológica como el blockchain y las finanzas descentralizadas debido a que están abriendo nuevas oportunidades para diversificar carteras y aumentar rendimientos.
Por último, la sostenibilidad es otro factor fundamental de este tridente financiero. Este concepto surge a partir de la preocupación por el medio ambiente y su cuidado. A partir de esto se realizan inversiones de impacto, para generar beneficios sociales o ambientales medibles, además de retornos financieros.
En esta línea, contar con un enfoque sostenible marca la diferencia debido a que no solo atraen a más clientes, sino que también mitigan riesgos reputacionales y legales.
Un equilibrio entre el riesgo, rentabilidad y sostenibilidad requiere es crucial, aplicando un enfoque integral, donde se deben tener estrategias alineadas con los objetivos planteados con los clientes, con el escenario del mercado y las prioridades globales.

Planificar una cartera diversificada que incluya bonos verdes, acciones de empresas sostenibles y proyectos de energía renovable puede ser un ideal al contar de rentabilidad y sostenibilidad, al tiempo que minimiza riesgos a largo plazo.
En este escenario, los gestores deben contar con la capacitación adecuada para responder rápidamente a los cambios regulatorios, las innovaciones tecnológicas y las necesidades de los clientes.