Caracterización de la industria en el censo de 1935

Entre 1914 y 1930 no existe, fuera del censo de aquel año, ninguna indicación precisa que permita hacer conocer el desarrollo de la industria en período tan importante y pleno de factores de impulso y de perturbación. Recurrir a las cifras del censo de 1935, según queda dicho más arriba, significa perder un punto singular de la curva que traduce el mencionado desarrollo; lo haremos sin embargo, recordando que el relevamiento de ese año ocurre inmediatamente de una crisis que, en profundidad y en extensión, asumió dimensiones considerables; la caracterización de la industria en 1935, se puede realizar aludiendo primero a sus características formales, a su grado de concentración funcional y a su grado de concentración geográfica. 

Con respecto a 1914, se puede advertir un importante incremento de la fuerza motriz (incluyendo las fábricas de electricidad); desde 16 H.P. por establecimiento hasta 50,2 es el aumento que registra la potencia motriz. La producción unitaria por establecimiento, por obrero y por salarios, señala aumentos con respecto a 1914, de 45.000 a 85.000 pesos; de 4.700 a 6.600 y de 4 a 4,7 respectivamente. Desde el punto de vista de la producción, las materias alimenticias representan el 37 % (en 1914 eran el 48%); le siguen los textiles con 15,6 (era el 18), luego maquinarias y vehículos con 6,7 y fábricas de electricidad con 5,6 %. 

El carácter liviano de la industria de 1935 continúa siendo, pues, su aspecto dominante; las cifras voluminosas que insumen los metales y sus manufacturas, el petróleo y sus derivados, las sustancias químicas y las manufacturas del cuero y del caucho, indican, no obstante, que la diversificación y su pasaje de la manufactura a la fábrica tiende a realizarse a discreta velocidad. Considerados en lo que atañe al capital invertido, la concentración de los establecimientos es sin duda considerable: 1228 de entre ellos, comprendiendo frigoríficos, azúcar, cerveza, hilados, bolsas, caucho, curtiembres, petróleo, electricidad, gas y talleres ferroviarios, reúnen 2.190 millones de pesos, es decir, el 3 % de los establecimientos agrupan el 51 % del capital invertido. Se debe prevenir, no obstante, que en ese número de establecimientos entra un conjunto de otros muy pequeños que contribuyen a reducir la proporción mencionada. Por ejemplo, en el rubro de frigoríficos, los 21 a que alude el censo y que reúnen 167 millones, dan un promedio por establecimiento de 8 millones, pero solamente los de los grupos Swifty Armour agrupan 90 millones; en el azúcar, los 39 establecimientos computados, que reúnen 168 millones, dan un promedio de 4,4 millones, pero la Azucarera Tucumana posee uno de 5 millones oro; en el de los hilados, aparecen 144 establecimientos con un capital conjunto de 112 millones, o sea uno de 800 mil pesos por unidad, no obstante que cuatro de ellos reunían 36 millones y, finalmente, en el rubro de fábricas de electricidad, figuran 869 con un capital de 1.302 millones. Es evidente y muy notoria la diferencia que existe entre los establecimientos de la ciudad de Buenos Aires y las pequeñas usinas del interior; el promedio de 1,5 millones de pesos, tan no traduce un hecho real cuanto que, según cifras oficiales, una sola de aquéllas representa un capital de 250 millones. La concentración financiera en las industrias está, por supuesto, vinculada a la nacionalidad de los propietarios y a la forma legal de la empresa. 

El censo de 1895 había establecido que en 19.000 establecimientos, el 84 % pertenecía a extranjeros; por supuesto que estos últimos eran propietarios en mayor proporción en las regiones en que su número era preponderante; la Capital Federal, Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa, acusaban índices superiores al 90 % de propietarios extranjeros; en Córdoba y Corrientes variaron entre 60 y 70; pero en el resto del país, sin excluir a las provincias que explotaban cultivos industriales, como Tucumán, Mendoza y San Juan, los extranjeros estaban en una proporción inferior al 50 %. En 1914, en el rubro de alimentación, los extranjeros predominaban en la proporción de 58 %, de 64 % en el vestido y de 77 % en la de metales. Hemos expresado ya que los extranjeros propietarios de establecimientos industriales anteriores a 1914, difieren fundamentalmente de los posteriores a esa fecha. Los primeros, corresponden al período artesanal y provienen de Ios que llegaban al país con su técnica y su fuerza de trabajo e instalan en las ciudades pequeños talleres; los otros (sin perjuicio de que también los hubiera antes de 1914 y aún de 1895), constituían preferentemente el vehículo del gran capital. Es explicable, pues, que en valor relativo se reduzca a medida que avanza el tiempo porque en la misma medida en que ingresa al país este último, los pequeños talleres son absorbidos o eliminados por este otro; en 1914, se pueden mencionar, a propietarios, en 1935, a empresas. Entre 1914 y 1935, por ejemplo, el porcentaje de extranjeros propietarios en la Capital Federal bajó de 77 a 61; en Buenos Aires de 72 a 51; en Santa Fe de 73 a 47 y en Córdoba de 70 a 53.

El censo de 1935 alude a la existencia en número de 63,5 %de empresas individuales y de 28,6% de empresas comerciales (anónimas, colectivas, comanditarias, de responsabilidad limitada, etc.). Las proporciones se invierten considerando los otros aspectos del establecimiento. Dentro de las sociedades comerciales se puede saber que las anónimas reunían el 5,6 % de los establecimientos, el 36,3 de los obreros y el 53,8 % de la producción. Separando ahora las sociedades anónimas y de responsabilidad limitada del conjunto de las demás comerciales e individuales, resulta que de la producción total corresponde a las primeras el 90 % en petróleo, el 97 en electricidad, el 81 en textiles, el 63 en químicas y el 69 en alimentos. La relación es inferior al 50 % en forestales, imprenta, manufacturas del cuero, piedras, tierras y vidrios y empresas de construcción, es decir, que el capital anónimo, presumiblemente con gran predominio extranjero, se halla en proporción mucho mayor en las industrias de relativamente moderna incorporación al país y desde luego en aquellas que o recurren preferentemente a las materias primas extranjeras o donde su composición orgánica es más elevada.