Se puede establecer, pues, que el proceso de concentración geográfica realizado por las industrias y hallado por el censo de 1935, supera en proporciones y desde luego en trascendencia al que se había anticipado a realizar la ganadería y la agricultura. Su aspecto más impresionante consiste en haber agrupado dentro de la zona del Shorthorn casi el 90% de la población obrera y de empleados afectados a la producción industrial y junto con ella a la fuerza motriz, a las materias primas, a los salarios, etc. Es evidente que desde el punto de vista de la concentración, referirse a la zona del shorthorn es acaso recordarle un excesivo continente. Desde luego porque como lo hemos expresado, ella no compromete a la totalidad de las unidades políticas que la componen; ni la mitad norte de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba, ni la mitad occidental de San Luis y La Pampa tienen mayor intervención en este hecho. Sus límites son, pues, mucho más estrechos de lo que permite suponer la enunciación de sus componentes En 1935, por ejemplo, la ciudad de Buenos Aires (no nos referimos al Gran Buenos Aires, sino a la extensión que compone administrativamente a la ciudad), contenía el 32 % de los establecimientos industriales, el 47 %del personal y el 32 % de la fuerza motriz; abonaba el 50%de los sueldos y salarios, adquiere el 42,3 % de las materias primas y obtenía el 43,3 % de la producción total. Se puede juzgar por estas cifras, que implican acordar a la ciudad la mitad de todo el movimiento industrial, cuál es la extensión que corresponde atribuir a la zona Este. A través del desenvolvimiento de esta fabulosa concentración, hemos podido constatar el considerable crecimiento de las fuerzas productivas del trabajo colectivo y la gradual socialización de este último. Entre la capacidad de producción de un obrero de 1895, que no pasaba de $ 3.000 (el censo de ese año no da cifra alguna referente a la producción, pero Andrés Lamas, en el Boletín de la Unión Industrial Argentina de 1899, le atribuye entre 500 y 600 millones), y la de 1935 que fue de 6.600, aplicada al número de obreros enrolados en ella, señala en qué medida y con qué paralelismo se han desenvuelto las fuerzas productivas y el maquinismo.
El ascenso de la producción comenzó por destruir las pequeñas unidades económicas locales, impulsandolo hacia la integración en el gran mercado nacional; sustituyó a la dispersión primitiva por una concentración gradualmente más vasta. Fue desglosando la parte del trabajo en la chacra que corresponde al obrero asalariado; lo desarraigó luego de ella lanzándolo a la manufactura en las ciudades; pero en la misma medida empujaba a la población a asociarse, a agruparse en asociaciones que vinculan a través de su carácter solidario a todos los interesados en un mismo objeto o hacia un análogo fin, sindicatos, cooperativas, sociedades mutuales de diversa especie. Estos cambios, han alterado profundamente la modalidad espiritual de la población. Su forma convulsiva de realizarse y la magnitud de las concentraciones, la transformación de los métodos de producción, los desplazamientos que imponía a la población y la influencia que ejercieron sobre ella los grandes agrupamientos industriales, han tenido un efecto incalculable sobre las ideas y la orientación de los productores. Lo contradictorio del proceso argentino consiste en que la concentración realizada en su zona litoral, en vez de expandirse y permitir e impulsar la ampliación de los otros centros industriales y agrícolas, les cierra los cauces de desarrollo absorbiendo permanentemente sus energías en favor de su propio crecimiento. El litoral ha realizado el suyo a velocidad tan extremadamente desigual a la empleada por los otros que gravita de manera negativa sobre el país.
El desenvolvimiento del mercado interior presenta, sin embargo, condiciones sumamente favorables. Desde luego, la existencia de tierras libres, de fácil acceso a los colonos, y la de un mercado mundial, por cuyo intermedio, la producción en masa de productos agrícolas puede intercambiarse con artículos manufacturados. Por supuesto que el acercamiento de esas regiones a los mercados nacional y mundial, exige un esfuerzo considerable; también lo exigió en su hora el de la provincia de Buenos Aires, el poblamiento dela zona litoral, luego la creación y expansión dé la región vitivinícola, la del azúcar, el algodón etc. Quedan aún inmensas regiones en las que la Argentina tiene infinitas oportunidades. Toda la que se extiende desde Salta al Paraná y que constituye la zona de influencia del río Bermejo; regulado, graduado su gasto, puesto en condiciones que la técnica moderna no ignora ya que lo practica en diversas regiones del globo, es una de ellas. Toda la Patagonia es aún susceptible de una colonización esmerada. En los cauces mayores de sus ríos existen las condiciones apropiadas para la extensión del mercado interior hasta dimensiones inverosímiles; la zona de mesetas no presenta posibilidades inferiores. Es posible que en sus condiciones naturales actuales no se preste al desarrollo de ningún tipo de agricultura; necesitará desarrollar y extender la zona de bosques de la cordillera, avanzando con ellos hacia el este; realizar obras de riego y facilitar los transportes. Es sin duda la obra de una o más generaciones, pero es una obra de apremiante planteo e iniciación. ¿Qué era la provincia de Buenos Aires después de Caseros? Un país escasamente poblado, en donde los límites de la propiedad no existían, ni era factible hallar un árbol, y donde los campos ofrecían el alimento natural adecuado a las razas inferiores que la poblaban entonces. La mitad de la provincia estaba sustraída a la economía mundial y aún se hallaba al margen de la historia; el esfuerzo de dos generaciones transformó esas tierras en las más feraces praderas del mundo; el desarrollo de la agricultura mejoró las haciendas. El frigorífico se puso en las rutas del comercio mundial y finalmente, la industria le acordó el carácter que hoy la distingue. Al enquistarse el país dentro de su zona de mayor capacidad productiva, niega las posibilidades orgánicas del capitalismo para colonizar, extender el límite de sus dominios, impulsar nuevas regiones y lanzarlas al torbellino de la economía mundial.

