Sin hacer hincapié en el atropello que significa cerrar una franja de los mares al tránsito de neutrales, lo significativo de estos hechos es que la ofensa de palabra y de hecho que realizó Alemania, no fue conocida por el país a través de la versión de sus autores, sino por medio de la cancillería norteamericana. Sin advertir esta última que, al lenguaje diplomático, que es secreto, no deben serle extraño el uso de adjetivos que lanzados a la publicidad serían capaces de crear ondas fricciones, al descifrar la clave germana, en vez de notificar el hallazgo al gobierno argentino, lanzó al mundo por medio de sus agencias periodísticas, la noticia circunstanciada de la información que acaba de lograr. Lo exacto es que la cancillería, o bien el capital norteamericano por su intermedio, tenían un acentuado interés de sacar a la Argentina de la mentalidad: in publicación de referencia que al gobierno argentino lo costó esfuerzos inauditos de sus sectores de instar al gobierno a romper sus relaciones confiando a los aliados, el lógico propósito de no compraría Estados Unidos había establecido fletes diferenciales favorables al Brasil y que numerosos artículos, fundamentalmente necesarios a la Argentina, habían dejado de serle facilitados. Estados Unidos había tomado a su cargo la provisión de los artículos manufacturados que antes del conflicto hacía Gran Bretaña; estaba pues en condiciones de regular costos y volúmenes. Su interés en volcar a la Argentina al conflicto, no dependía de razones actuales, no hacía pie en el envío de combatientes; ese interés dependía de hechos futuros, es decir, preparaba a sus inversores para el momento en que, terminadas las operaciones bélicas, Gran Bretaña reclama su puesto en el comercio exterior argentino. Estados Unidos se adelantaba a ello sabiendo que, si la Argentina entraba en la guerra, esa circunstancia la conduciría a modificar su economía y su estructura a efectos de adaptarla a afrontar las nuevas responsabilidades. En esa tarea la injerencia de los Estados Unidos habría de lograr una importancia sobresaliente; facilita armamentos, barcos, empréstitos; modificaría, en suma, todo su aparato económico, bélico, financiero, administrativo, etc., de tal manera que terminada la guerra la tarea de suplantación del capítulo británico se hallase muy simplificada.

Por extensión, se puede deducir que los intereses de Gran Bretaña se hallaban en el polo opuesto. Ella poseía su aparato de dominio en perfecto estado de funcionamiento: pero, ferrocarriles y frigoríficos, bancos y demás recursos de la inversión, eran sometidos desde principios del siglo a embates muy enérgicos por parte de sus competidores. Si la Argentina acordaba a uno de ellos la intervención que supone una alianza en tiempos de guerra, la estabilidad de toda esa estructura peligraba decididamente. Gran Bretaña, por medio de todos sus instrumentos de vinculación, hacía pues ímprobos esfuerzos para neutralizar el clima guerrero que había creado en el país la información proporcionada por las agencias norteamericanas de manera tan ruidosa. En el mencionado discurso, el diputado Caballero hizo mención a la requisa del hilo sisal practicado en la India por Gran Bretaña, a fin de asegurar el envió de los cereales del Río de la Plata, Es claro que aseguraba así la alimentación de su población, pero también contribuía con ello a facilitar los negocios derivados de las cosechas. El aumento de volumen y de precio registrado por la carne enviada a Gran Bretaña, por supuesto que tendían a sustituir los déficits de las exportaciones de Australia y Nueva Zelandia; en definitiva, todo ello acrecentaba los vínculos comerciales y concurría por extensión a preservar las vinculaciones permanentes. Se debe presumir que la defensa de la actitud neutralista tuviera más dificultades que el sostenimiento de la tesis opuesta, y ello dependía de que aquella actitud se confundía prácticamente con la germanofilia, posición que rechazaba entonces el grueso de la población argentina.
El debate parlamentario en el cual se trató la actitud argentina, y más que el debate, el reducido número de votos que obtuvo la negativa a la proposición intervencionista, demuestra que la penetración del capital norteamericano, desde luego en el campo ganadero y por extensión en los demás sectores económicos, era profunda; el voto del grupo conservador, en el cual casi no se produjeron bajas, sumado al de un vasto conjunto de radicales, indican que la decisión de aquellos no era una simple maniobra oposicionista, ya que el voto de estos últimos significaba discrepar con sus correligionarios del Ejecutivo. Se sabe que este último había expresado y mantuvo firme su actitud neutralista. Pero si se entra al análisis de los nombres que integraron el sector que votó la ruptura de relaciones, no constituye ninguna dificultad hallar ahí el de numerosos representantes del latifundio, que pocos años antes, durante la discusión parlamentaria de 1913. y pocos años después, durante la de 1923, expresarán su adhesión al capital norteamericano, presentado en ambas bajo la envoltura del frigorífico; sin perjuicio que también aparecen vinculaciones bancarias, petroleras, comerciales en la más vasta extensión. La penetración de esa expresión del capital extranjero y su esfuerzo de acomodamiento a las nuevas condiciones que creaba la guerra, al eliminar de manera presumiblemente permanente al capital alemán y al británico, asumió caracteres de tal verismo, que los y desde luego a participar en sus consecuencias. Nos hemos la decena de los 1920.Sólo resta agregar que con las alternativas propias de su tremenda gravitación ambos sectores continuaron, aun después de 1930, influyendo alternativamente, si bien con resultados que permiten atribuir a aquella gravitación una total analogía.

