{"id":1029,"date":"2026-04-29T06:36:00","date_gmt":"2026-04-29T06:36:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.gestor-patrimonial.com\/?p=1029"},"modified":"2026-04-27T20:38:09","modified_gmt":"2026-04-27T20:38:09","slug":"administracion-de-las-aldeas-en-las-campanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gestor-patrimonial.com\/en\/administracion-de-las-aldeas-en-las-campanas\/","title":{"rendered":"Administraci\u00f3n de las aldeas en las campa\u00f1as"},"content":{"rendered":"<p>En las aldeas y en las campa\u00f1as, como en el fondo de las quebradas, la poblaci\u00f3n ten\u00eda el sustento asegurado por natural abundancia y por propia sobriedad. Y, de a\u00f1adidura, disfrutaba una ilimitada libertad. Aunque suene a paradoja, es verdad comprobada que la libertad era ley de la tierra, y el caballo su instrumento, su medio de ampararse contra todos. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s lo expresar\u00eda con singular elocuencia una an\u00e9cdota del Chacho, referida por Alberdi: -C\u00f3mo le va, amigo Pe\u00f1aloza.<\/p>\n\n\n\n<p>-C\u00f3mo me ha de decir, amigo? En Chile y a pie. Era quiz\u00e1 uno de los mayores males para el hombre de las pampas y de las monta\u00f1as: perder el caballo, prenda de libertad personal, y hallarse fuera de la tierra en que su esp\u00edritu andariego y sus correr\u00edas hallaban las mayores satisfacciones. Explicase de tal modo que el dinero fuese para \u00e9l cosa secundaria. Lo ganaba con facilidad, cuando lo hab\u00eda menester, clav\u00e1ndose por breve tiempo, para costear sus vicios: la yerba ten\u00eda gran poder adquisitivo, comparado al de nuestros d\u00edas. De 1575 en oro sellado, descendi\u00f3 de 3 a 2, seg\u00fan D&#8217; Avenel. Un peso de 1800 era, por su poder de compra, equivalente a dos. Pero un peso de aquel a\u00f1o equivale a $4,96 curso legal de hoy, y por su poder de compra, a $9,82 curso legal. Por este m\u00faltiple y complejo conjunto de circunstancias, que se desarrollaron en espacio de m\u00e1s de dos siglos, fue form\u00e1ndose, en las tierras llanas y monta\u00f1osas del territorio argentino, una nueva clase media, en la que, por fortuna para el porvenir de la nueva naci\u00f3n que ya entre ve\u00edan algunos cautelosamente, no presentaba contrastes ni diferenciaciones profundas.<\/p>\n\n\n\n<p>Con los datos de W. Robertson sobre la venta de la bula de la cruzada en el Per\u00fa hacia 1750, Pareto ha construido la curva de distribuci\u00f3n de r\u00e9ditos monetarios. Esa curva es casi una recta. Despreciando diferencias \u00ednfimas, y ajust\u00e1ndose una recta, \u00e9sta tiene una inclinaci\u00f3n de 1,79, que representa el grado de desigualdad de los cr\u00e9ditos monetarios. Pero gran desigualdad no significa gran miseria; ni tampoco una desigualdad menor significa necesariamente mayor bienestar; como puede darse una desigualdad menor, compatiblemente con un bienestar muy general. Entre los dos fen\u00f3menos no hay una interdependencia bien definida. Este \u00faltimo era el caso del Virreinato de Buenos Aires, en la zona vast\u00edsima de sus provincias bajas (territorio argentino). Si hubiera un dato tan cierto como el que Robertson proporciona para el Per\u00fa, comprobaremos una inclinaci\u00f3n mucho menor que 1,79, y un gran bienestar. La inclinaci\u00f3n de nuestros d\u00edas, seg\u00fan los datos del impuesto a los r\u00e9ditos para 1938, es 1,40. La de 1800 ser\u00eda seguramente mayor que 1,40 y menor que 1,79. Podr\u00eda generalizarse sin mucha inexactitud esta certera observaci\u00f3n de R. Jaimes Freyre, uno de nuestros mejores historiadores del interior: &#8220;La impresi\u00f3n que se desprende del estudio de este per\u00edodo de transici\u00f3n de la vida colonial a las azarosas agitaciones del per\u00edodo an\u00e1rquico no es por cierto la de una miseria s\u00f3rdida ni la de una lucha angustiosa por la subsistencia; es la de un modesto bienestar para las clases elevadas y la de una pobreza sin inquietudes en las inferiores.&#8221;<\/p>\n\n\n\n<p>La nueva clase media, que es como decir la nueva clase gobernante, formada de nativos y tambi\u00e9n de no pocos peninsulares y extranjeros de otras procedencias europeas, ten\u00eda ya conciencia de su fuerza y de su ascendiente. Sent\u00eda como carga in\u00fatil y el peso de la dominaci\u00f3n espa\u00f1ola, y ten\u00eda ya un vocero, un int\u00e9rprete que daba formas doctrinarias, extra\u00eddas de la nueva filosof\u00eda social del siglo, a sus aspiraciones de independencia, tanto en el orden jur\u00eddico como en el econ\u00f3mico. Apareci\u00f3 en 1794, y es justicia reconocer que le hab\u00edan educado maestros peninsulares en Buenos Aires, su tierra natal, y luego en Espa\u00f1a, donde dio feliz t\u00e9rmino a sus estudios. Era el joven abogado de Salamanca, Manuel Belgrano. El hecho nada tiene de sorprendente. En las colonias espa\u00f1olas de Am\u00e9rica, como hab\u00eda ocurrido en las inglesas, las cu\u00f1as para ser buenas deb\u00edan de ser del mismo tronco. Sobre este punto conviene despejar un equ\u00edvoco con que algunos investigadores poco avisados suelen embrollar las cosas de la historia. Las doctrinas de los maestros de la ciencia social europea ven\u00edan de Espa\u00f1a, y en Espa\u00f1a las hab\u00eda estudiado Belgrano, como muchos espa\u00f1oles eminentes. De ellas hab\u00eda sacado los jugos nutritivos con que fortalecer\u00eda su mente y la de sus compatriotas. No hay duda, pues, que de Espa\u00f1a proven\u00eda la corriente espiritual que guiaba al pa\u00eds hacia su independencia pol\u00edtica. Unos y otros, espa\u00f1oles y americanos, propon\u00edan; Dios dispon\u00eda las cosas para que fuesen a la postre por los caminos de sus inescrutables designios, que tal es el real sentido de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>En las Indias, los funcionarios reales de toda jerarqu\u00eda, desde los m\u00e1s encopetados hasta los humildes covachuelistas, observaban con particular esmero la regla de la vieja sentencia popular: \u201cojos que no ven, coraz\u00f3n que no siente\u201d. Pero si los ojos del rey no alcanzaban a ver a sus funcionarios de Indias ni, por consiguiente, los descaminos de la real hacienda, sent\u00eda los aqu\u00e9l en su coraz\u00f3n, porque el choro monetario se adelgazaba de a\u00f1o en a\u00f1o, era por \u00faltimo un hilillo plateado que no aplacaba la voracidad de la Corte. Los funcionarios de Indias deb\u00edan ser virtuosos, pero las virtudes eran en \u00e9stas harto m\u00e1s raras que las peluconas. A\u00f1os despu\u00e9s, el famoso Tel\u00e9sforo del Portillo, alias Sebo, personaje de uno de los jugosos episodios de P\u00e9rez Gald\u00f3s, definir\u00eda en t\u00e9rminos regocijantes, y en todo aplicables a sus hermanos de Indias, las virtudes burocr\u00e1ticas: \u201cYo tendr\u00e9 todas las virtudes conocidas y algunas m\u00e1s, el d\u00eda en que me las valoren por moneda corriente.\u201d<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En las aldeas y en las campa\u00f1as, como en el fondo de las quebradas, la poblaci\u00f3n ten\u00eda el sustento asegurado por natural abundancia y por propia sobriedad. Y, de a\u00f1adidura, disfrutaba una ilimitada libertad. 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