{"id":1036,"date":"2026-05-04T18:58:00","date_gmt":"2026-05-04T18:58:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.gestor-patrimonial.com\/?p=1036"},"modified":"2026-05-06T02:05:35","modified_gmt":"2026-05-06T02:05:35","slug":"el-naufragio-de-la-nave-de-becerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gestor-patrimonial.com\/en\/el-naufragio-de-la-nave-de-becerra\/","title":{"rendered":"El naufragio de la nave de Becerra"},"content":{"rendered":"<p>Esta nueva desgracia que les oblig\u00f3 a permanecer durante algunos meses en este sitio apartado y solitario, en el cual la escasez de v\u00edveres y la dificultad de conseguirlos conducen a muy duros extremos. La situaci\u00f3n se torna dif\u00edcil. Por esto, a principios del a\u00f1o 1552 resolvieron dividirse en dos grupos. Uno de ellos, compuesto de 50 hombres, march\u00f3 por tierra a la Asunci\u00f3n, llevando los v\u00edveres que pudieron hallarse y algunos gu\u00edas ind\u00edgenas, conducido por Hernando Salazar y Alonso Vellido. Los restantes, con do\u00f1a Menc\u00eda, sus hijas y dem\u00e1s mujeres, al frente de los cuales quedaba Salazar de Espinosa, fueron por mar, en una nave que se construy\u00f3 con los restos de la de Becerra, al puerto de San Francisco.<\/p>\n\n\n\n<p>Salazar y Vellido llegaron a la Asunci\u00f3n el 24 de julio de 1552, y all\u00ed notificaron a Irala de las \u00faltimas desgracias y el poco remedio que les pod\u00eda dar, por falta de nav\u00edo que suficiente para que, hasta que Nuestro Se\u00f1or proveyese all\u00ed se sustenta en\u201d. Consuelo harto mezquino y un si no es dudoso para tan duras circunstancias. La brevedad misma de la noticia sugiere la sospecha de que el sagaz y terrible gobernador de la Asunci\u00f3n, juzgando por las referencias de Salazar y Vellido, dio por perdidos a los n\u00e1ufragos de Mbiaz\u00e1 y resolvi\u00f3 por tal motivo continuar en su puesto y en la rebusca del metal amarillo que la suprema desilusi\u00f3n de 1548 parec\u00eda no haber debilitado. Al llegar a San Francisco, persist\u00eda Salazar de Espinosa en su porfiado prop\u00f3sito de llegar a la Asunci\u00f3n, donde le urg\u00eda hacerse cargo del puesto de tesorero, que deb\u00eda, m\u00e1s que a sus m\u00e9ritos, a la protecci\u00f3n de alguna casa se\u00f1orial de la cual era criado; pero los sufrimientos pasados hab\u00edan difundido el descontento en un grupo numeroso de los expedicionarios, que probablemente encabezaba el piloto mayor. Reproche a Salazar gran parte de la culpa en las desgracias acaecidas y se le acusaba de falta de \u00e1nimo para remediarlas. En San Francisco (puerto que S\u00e1nchez de Vizcaya describe como excelente, pr\u00f3ximo al campo, y a los indios guaran\u00edes, amigos de los castellanos) plante\u00f3 se resueltamente la incidencia. Los del piloto, que eran los m\u00e1s, en secreto instigados por do\u00f1a Menc\u00eda y por Hernando de Trejo, quer\u00edan dar por terminado el viaje, y poblar all\u00ed, a la espera del gobernador don Diego. Pretend\u00eda Salazar a todo trance arbitrar los medios de continuarlo, ya fuese por tierra o tratando de adquirir una embarcaci\u00f3n en el cercano puerto de San Vicente.<\/p>\n\n\n\n<p>Impusieron la del piloto y, desconociendo la autoridad de Salazar, depusieron del mando. En su lugar pusieron a Hernando de Trejo, que ya cortejaba quiz\u00e1s a do\u00f1a Mar\u00eda de Sanabria, con el benepl\u00e1cito de su futura suegra, do\u00f1a Menc\u00eda, instigadores y c\u00f3mplices entrambos de la revuelta del piloto mayor. \u201cLos n\u00e1ufragos restantes, en n\u00famero de sesenta, con dona Me Quedaron poblando en San Francisco, gobernados por Juan de Sanabria. De tal uni\u00f3n naci\u00f3 all\u00ed el futuro obispo de seg\u00fan el cronista Ruy D\u00edaz de Guzm\u00e1n. Al llegar a San Vicente, comenz\u00f3 Salazar sus in\u00fatiles diligencias para encontrar medio de trasladarse a la Asunci\u00f3n. En esto se hallaba, cuando lleg\u00f3 a la misma ciudad, el 8 de febrero de 1553, el gobernador portugu\u00e9s, Tom\u00e1s de Souza. Enterado, probablemente por el mismo Salazar, de las desgracias ocurridas a la armada de \u00e9ste y de la presencia de los n\u00e1ufragos en San Francisco, temi\u00f3 al punto el astuto gobernador que \u00e9sta pudiera tornarse definitiva y llegar a convertirse en serio obst\u00e1culo a las pretensiones territoriales de la Corona portuguesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya fuese porque pensara sinceramente que aquella tierra correspond\u00eda a su soberano, o porque quisiera impedir a todo trance el establecimiento de la naciente colonia de San Francisco, favoreciendo as\u00ed las miras de aqu\u00e9l, lo cierto fue que, so capa de socorrerlos, envi\u00f3 una embarcaci\u00f3n que fuese en busca de los n\u00e1ufragos y encarg\u00f3 a un fraile de la orden de los Ap\u00f3stoles la tarea de inducir a Trejo y sus compa\u00f1eros a que pasasen a San Vicente. El mensajero hizo a Trejo diversos ofrecimientos. Prometi\u00f3 los servicios de Juan de Raya, probablemente, gu\u00eda conocedor de la traves\u00eda terrestre entre San Vicente y Asunci\u00f3n, como tambi\u00e9n que les favorece para que pudiesen realizar tal viaje. Tentados por ofertas cuya intenci\u00f3n oculta no sospechaban, los espa\u00f1oles de San Francisco resolvieron a pasar a San Vicente y siete compa\u00f1eras, que decidieron quedar en San Francisco, obtuvo de \u00e9l, obligase al piloto a embarcarse en la carabela.<\/p>\n\n\n\n<p>San Vicente en marzo de 1553, para comprobar el enga\u00f1o del que hab\u00edan sido v\u00edctimas. Souza hab\u00eda regresado ya a San Salvador, dejando dispuesta la fundaci\u00f3n de dos poblaciones, Concepci\u00f3n de Itanha\u00e9m (1549) y Santo Andr\u00e9, que acaba de asentarse &#8220;a fin de reunir la gente que andaba desparramada en los campos y en las playas, promoviendo la expulsi\u00f3n de los espa\u00f1oles, que comerciaban ya por la regi\u00f3n del R\u00edo Paran\u00e1&#8221; (J. Ribeiro). Hab\u00eda dejado tambi\u00e9n \u00f3rdenes terminantes de impedir por cualquier medio que los espa\u00f1oles de San Francisco pasasen por tierra a la Asunci\u00f3n. Catorce meses permanecieron en San Vicente, durante los cuales pretend\u00eda do\u00f1a Menc\u00eda que hab\u00eda gastado gran parte de su hacienda en socorrer a sus compa\u00f1eros de infortunio. En esta situaci\u00f3n decidieron notificar a la Corte de Espa\u00f1a, para que \u00e9sta reclamase del rey de Portugal, por el abuso que las autoridades de San Vicente compet\u00edan con ellos. Pero mediaba la grave dificultad de hallar quien pudiera y quisiera encargarse de cumplir la comisi\u00f3n. Adem\u00e1s, ten\u00edan aqu\u00e9llas, como f\u00e1cilmente se echa de ver, sobrado inter\u00e9s en que tales comunicaciones su destino, y no hab\u00edan de omitir medio alguno para lograrlo.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta nueva desgracia que les oblig\u00f3 a permanecer durante algunos meses en este sitio apartado y solitario, en el cual la escasez de v\u00edveres y la dificultad de conseguirlos conducen a muy duros extremos. La situaci\u00f3n se torna dif\u00edcil. Por esto, a principios del a\u00f1o 1552 resolvieron dividirse en dos grupos. 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