{"id":659,"date":"2025-09-17T07:48:00","date_gmt":"2025-09-17T07:48:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.gestor-patrimonial.com\/?p=659"},"modified":"2025-10-06T21:12:43","modified_gmt":"2025-10-06T21:12:43","slug":"la-eleccion-de-las-razas-bovinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.gestor-patrimonial.com\/en\/la-eleccion-de-las-razas-bovinas\/","title":{"rendered":"La elecci\u00f3n de las razas bovinas"},"content":{"rendered":"<p>La distribuci\u00f3n geogr\u00e1fica de las majadas argentinas y su variaci\u00f3n cuantitativa ha estado orientada por un proceso de refinamiento cuya finalidad estuvo en su momento definida por las razas a las que acordaba preferencia. El per\u00edodo de minimizaci\u00f3n y el de la influencia del Lincoln constituyen en efecto las caracter\u00edsticas de dos \u00e9pocas destinadas, la primera a producir lana de calidad y la segunda el carnero tipo frigor\u00edfico. La variaci\u00f3n en las exigencias de uno y otro tipo de consumidor se manifiestan en la adaptaci\u00f3n de nuevas razas capaces de favorecer la producci\u00f3n de la mercanc\u00eda en las trial europeo, casi exclusivo destinatario de esa producci\u00f3n, determinado, como a decidir su variabilidad; en cuanto a la carne, el mercado consumidor brit\u00e1nico, circunstancialmente por el cap\u00f3n de gran peso y gordura, ha tenido preferencias referencia que pod\u00eda constatarse en la orientaci\u00f3n impresa hacia las majadas Lincoln: posteriormente esa demanda se orient\u00f3 hacia el borrego y finalmente \u00e9ste fue suplantado por el cordero temprano y de buena calidad. Hemos hecho referencia a los esfuerzos empe\u00f1osos comprometidos en el refinamiento de las majadas: en 1888 el 61%de la existencia total de ovinos se hallaban mestizados; en 1908 sumaban el 82,2% y si bien la cifra que mide este acontecimiento se reduce a 79,3 % en 1914, ya en 1930 supera al 90%.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde luego las cifras del cuadro que precede indican que cumplidos los dos per\u00edodos precedentes en los cuales el ganadero argentino hab\u00eda prestado atenci\u00f3n sucesivamente en forma casi exclusiva a la lana primero ya la carne luego, la orientaci\u00f3n que sigue a partir del momento en que el vacuno comienza a ejercer su predominio en el frigor\u00edfico, es a la cr\u00eda de razas productoras de buena calidad de carne a la vez que de buena calidad de lana. As\u00ed la raza merina que en el censo de 1914 no puede hacerse discriminaci\u00f3n alguna con respecto al censo de 1908 a causa de la parcialidad del relevamiento practicado figura con el 15,2 %, se eleva en el de 1930 al 29,8%. Esta raza, el merino argentino, tiene por antecedentes los afamados marinos alemanes, los Electorales y Negrettes, importados hacia 1813; y por cuyo intermedio fueron mejoradas las majadas hasta poco despu\u00e9s de 1860. Comienza luego la importaci\u00f3n del Rambouillet, m\u00e1s robusto, de mayor res; esta raza adquiri\u00f3 inmediata difusi\u00f3n, y posteriormente a 1880, a causa del proceso de mestizaci\u00f3n, comenz\u00f3 a designarse con el nombre de merino argentino; produce lana fina y ofrece un buen rendimiento de carne. El censo de 1930 hab\u00eda localizado trece millones de cabezas de esta raza, 8 millones en la Patagonia y 5 en la zona cereal, de los cuales la mitad en la provincia de Buenos Aires. Las razas Romney March y Corried\u00e1le, que son ambas productoras de buena lana y buena carne, pasaron entre 1914 y 1930 la primera, desde 6,3 % hasta 17 % y la segunda, a representar el 8,5 %. En cuanto a la raza Lincoln que en 1914 era el 47,8%del total, pas\u00f3 en 1930 al 32,6%; sus aptitudes como productora de carne y lana son elevadas pero su cr\u00eda requiere campos ricos y un clima poco riguroso; de ah\u00ed que su zona se desarrolle preferentemente en la provincia de Buenos Aires y en La Pampa. El censo de 1930 acordaba a Buenos Aires casi 11 millones de cabezas o sea el 78% de la existencia total de esta provincia. Sin que ella sea objeto de rechazo ni de eliminaci\u00f3n, lo exacto es que el n\u00famero de cabezas que traduce su gravitaci\u00f3n en la existencia de ovinos se reduce en la misma proporci\u00f3n en que la provincia de Buenos Aires tiende a limitar las ovejas que cr\u00edan en sus praderas. El censo posterior al \u00faltimamente mencionado, el de 1937, indica que estas caracter\u00edsticas se han acentuado: en l\u00edneas generales se puede expresar que como resultado de todo el per\u00edodo que arranca en 1900 y termina en 1930 los ovinos productores de lana exclusivamente representan el 6,7%, los de carne exclusivamente el 1,2% y los de carne y lana el 84 %; entre estos \u00faltimos el Lincoln hab\u00eda retrogradado en 1937 en cifras relativas al 29% en tanto que el Merino, sumados argentino y australiano, es ahora el 34,3% y el Corriedale 13,7.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cifras que miden el consumo interno de carne oscilan en la proporci\u00f3n en que ella es absorbida por el mercado exterior. A principios del siglo el consumo de carne vacuna se hallaba en la proporci\u00f3n del 40% de las reses faenadas con destino al exterior y el restante 60% al consumo interno. Esas proporciones se mantuvieron aproximadamente hasta 1914; durante el conflicto, los reclamos de carne argentina llevaron la cifra destinada al consumo externo hasta su m\u00e1ximo de 61,4%en 1918; correlativamente el consumo interior se vio permanentemente reducido hasta el m\u00ednimo de 38,6% en ese mismo a\u00f1o. Realizada la desmovilizaci\u00f3n, la demanda cay\u00f3 bruscamente hasta el 35,4% que media en 1922 y de nuevo el consumo interno retom\u00f3 y aun super\u00f3 las cifras relativas que lo med\u00edan hasta llegar al 64,6 % en 1922. Entre 1923 y 1927 el consumo externo aument\u00f3 su demanda, lo que mantuvo las cifras de la exportaci\u00f3n entre el 42 y el 44 % y por lo tanto las del consumo local se situaron entre el 55 y el 60%. A partir de aquel a\u00f1o, el preludio de la crisis y la crisis misma llevaron las cifras de la exportaci\u00f3n a expresiones no registradas antes, lo que indica que el consumo interior result\u00f3 favorecido por una abundante producci\u00f3n. Es presumible que dentro de su relatividad las cifras mencionadas aluden a un volumen de carne permanentemente creciente. Los primeros a\u00f1os de los 1900, las reses vacunas faenadas para atender ambas solicitaciones no exced\u00edan de los 2 millones; pasaban de 3 millones en 1912 y de 4 en 1917; hay un par\u00e9ntesis que se\u00f1ala todav\u00eda menos de 4 millones en las proximidades de 1920; a partir de ah\u00ed pasa de 6 millones en 1923: de 7 en 1924, para situarse hacia el fin de esa d\u00e9cada en 6 y medio millones de cabezas.<\/p>\n\n\n\n<p>El consumo de ovinos no logr\u00f3 imponerse en la Argentina sino cuando el grado de mestizaci\u00f3n estuvo suficientemente avanzado; a fines de los 1890, en cifras relativas, la exportaci\u00f3n absorb\u00eda el 70% y dejaba el 30 restante al consumo interior. Las mismas proporciones rec\u00edprocas que se advierte en los consumos de carne vacuna, se advierten tambi\u00e9n en los de carne ovina. En ambas es el mercado exterior el que regula la demanda interna, caracter\u00edstica que, por otra parte, se\u00f1ala el tipo de producci\u00f3n propia de los pa\u00edses dependientes. La \u00fanica riqueza de la Argentina con la cual pod\u00eda adquirir los objetos necesarios y que no se produc\u00edan aqu\u00ed, eran la carne y sus derivados, la lana, los cereales, etc. Lograba mayor cantidad de objetos manufacturados cuanto mayor cantidad de su producci\u00f3n alcanza a colocar.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/www.gestor-patrimonial.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/24226-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-665\" srcset=\"https:\/\/www.gestor-patrimonial.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/24226-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.gestor-patrimonial.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/24226-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.gestor-patrimonial.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/24226-768x512.jpg 768w, https:\/\/www.gestor-patrimonial.com\/wp-content\/uploads\/2025\/09\/24226.jpg 1500w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>La creciente necesidad de aquellos objetos impon\u00eda la enajenaci\u00f3n de vol\u00famenes cada vez m\u00e1s elevados o de materia prima gradualmente m\u00e1s valiosa; lo primero lo obten\u00eda extendiendo las \u00e1reas bajo cultivo, y lo segundo mejorando la calidad de sus rodeos; en la misma medida en que el intercambio as\u00ed concebido se tradujera en un saldo positivo, pod\u00eda el pa\u00eds realizar la acumulaci\u00f3n necesaria para pasar a la etapa manufacturera; ella le permitir\u00eda prescindir de numerosos objetos fabricados en el exterior y desde luego valorizar, mediante una transformaci\u00f3n previa, parte de los que destinaba a ese consumo. Es prudente reconocer que no puso el mismo empe\u00f1o en esto \u00faltimo que en aquello; la mentalidad agropecuaria que es caracter\u00edstica de los pa\u00edses en cuya econom\u00eda existe una ancha base latifundista, no se adapta f\u00e1cilmente a la inversi\u00f3n ni a la iniciativa destinada a cubrir otros rubros que los meramente vinculados a la tierra. La influencia del comercio exterior contribuye sin duda a acentuar esa modalidad. El comprador extranjero puede condicionar la adquisici\u00f3n de materia prima a la provisi\u00f3n de art\u00edculos manufacturados. El desenvolvimiento de las labores necesarias para obtener los productos de la tierra al impulsar la vida econ\u00f3mica en el campo, desarrolla y ampl\u00eda el mercado de mano de obra. Llegado el volumen de esta \u00faltima a un cierto grado de saturaci\u00f3n, el capital extranjero puede arribar bajo la forma del establecimiento manufacturero; atraer la mano de obra hacia las ciudades y extender el mercado interior al incorporar al campesino en su doble aspecto de consumidor y de productor. Pero si ese fen\u00f3meno se cumple como consecuencia de un desarrollo interno ineludible, no s\u00f3lo la plusval\u00eda queda en el pa\u00eds y contribuye a afianzar su econom\u00eda, sino que el surgimiento de la manufactura responde a necesidades reales y tiende por lo general a adaptarse a ellas trascendiendo al exterior desde el momento en que esas necesidades se hallan cubiertas.<\/p>\n\n\n\n<p>La absorci\u00f3n de carne ovina por el mercado exterior, que al comienzo de la guerra se aproximaba al 70% de la faena, descendi\u00f3 durante su transcurso hasta tocar el punto m\u00ednimo en 1920: consecuentemente el consumo interno se acrecienta hasta llegar ese a\u00f1o a su m\u00e1ximo absoluto. Los a\u00f1os posteriores ven aumentar los embarques hasta lograr durante la d\u00e9cada de los 1920, puntos situados entre el 75 y el 80%; en esa misma \u00e9poca la cuota destinada al consumo local descendi\u00f3 hasta sus m\u00ednimos absolutos. Considerados estos hechos a trav\u00e9s de las cifras absolutas, se debe expresar que la faena total que comienza con poco m\u00e1s de 2 millones de cabezas hacia 1900 crece hasta 6 y medio millones hacia fines de 1930.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La distribuci\u00f3n geogr\u00e1fica de las majadas argentinas y su variaci\u00f3n cuantitativa ha estado orientada por un proceso de refinamiento cuya finalidad estuvo en su momento definida por las razas a las que acordaba preferencia. 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