A partir del año 1902 la incorporación de los establecimientos frigoríficos se realizó de manera constante, es decir sin la pausa prolongada que ocurrió entre la fecha de inauguración del frigorífico de Las Palmas y la que acabamos de mencionar. No obstante, los factores de perturbación que surgieron durante el desenvolvimiento de la primera guerra mundial no obstaculizaron el desarrollo de ese proceso de instalación y su regularidad es sin duda su característica dominante.
En 1902 la Compañía Sansinena, propietaria del establecimiento de Avellaneda, inauguró uno en Cuatreros, situado en proximidad de Bahía Blanca; y ese mismo año fue instalado el establecimiento La Blanca, en Avellaneda. Entre los años 1904 y 1905 inauguran los suyos la Compañía Swift en La Plata, la Smithfield en Zárate y la Wilson en Avellaneda. Hay luego un pequeño paréntesis, motivado por causas que analizaremos oportunamente, hasta 1911 en que ocurre la instalación del Swift en San Julián; en 1912 es el Swift de Río Gallegos y en 1914 el Armour en La Plata. Durante los años 1916 y 1917 se instalan respectivamente el River Plate en Zárate y el Tierra del Fuego en Río Grande; en 1920 comienza a funcionar el Armour en Santa Cruz; en 1922 el de puerto Deseado y finalmente en 1924 ocurre la inauguración del establecimiento de la Compañía Saladeril en Concordia y la unidad del Swift en Rosario; y en 1926 la de la Compañía Anglo en Dock Sud.
Se puede observar que entre los años 1902 y 1926 se realiza la segunda y definitiva etapa del proceso de instalación del frigorífico, la que se puede denominar de expansión y afianzamiento de esa industria. Durante ella la industria frigorífica se diversificará en un conjunto variadísimo de subproductos, creando primeramente un denso mercado interno y trascendiendo luego con ellos al exterior. Las características sobresalientes del desarrollo de los establecimientos son que realizan un movimiento descentralizador buscando con su ubicación el lugar más denso de producción de la materia prima; desde Buenos Aires donde los ferrocarriles traían el ovino a la faena, pasan a Bahía Blanca en la medida en que las líneas férreas vinculan este puerto con las zonas de pastaje; se extienden luego hacia la Patagonia siguiendo el proceso de poblamiento de esa zona y regresan al Norte instalando la unidad rosarina en concordancia con la nueva modalidad que caracteriza la explotación ganadera después de la primera guerra, en la cual la zona del sur de Córdoba y de Santa Fe alcanzan una jerarquía de primer orden. Complementariamente sé puede observar que todos los establecimientos se instalan al lado del agua imponiendo al animal el desplazamiento hasta el lugar de la faena y reservando las cámaras frigoríficas para el transporte marítimo. A fines del período que consideramos, y que lo suponemos terminado en 1926, la industria frigorífica ofrecía el siguiente panorama: el capital norteamericano disponía de ocho establecimientos, los de Swift y Armour y los Wilson y La Blanca de Avellaneda; el valor de instalación de los mismos era de 56,7 millones de pesos y el capital suscripto y realizado, de 123 millones; sus cámaras y depósitos frigoríficos disponían de un volumen de 330 mil m3. El capital británico operaba en cinco establecimientos, el Anglo Dock Sud, los Smithfield y River Plate de Zárate y el Anglo Las Palmas; el valor de instalación, excluyendo al primero que es filial de una empresa residente en Londres, es de 44 millones y el capital realizado de 30 millones; dispone de una capacidad de cámaras de 278 mil m3.El capital argentino se desempeña en cinco establecimientos, los dos Sansinena de Avellaneda y Bahía Blanca, los de Deseado y Tierra del Fuego y el de la Compañía Saladeril Concordia; el valor de instalación y el capital realizado eran respectivamente de 27,1 y 29,7 millones de pesos y su capacidad total de cámaras de 86 mil metros cúbicos.
Puede observarse que con excepción del pequeño intervalo ocurrido entre 1905 y 1911 desde el punto de vista constructivo, este período, sin duda más dilatado que el que ocurre entre 1883 y 1886, no carece de una rigurosa cotidianidad. Durante su desenvolvimiento tienen lugar transferencias, acuerdos, rozamientos e interferencias de distinta especie que al parque le confieren su verdadero sentido, explican tanto la simultánea iniciación de algunas unidades como las ligeras postergaciones que experimentaron otras.
Se sabe que la primera instalación de este género, la de la Cía. Sansinena en Avellaneda, corresponde a una iniciativa de capitales argentinos; no completamente desvinculados del capital británico, pero asumiendo los caracteres legales de una empresa nacional. Los otros dos establecimientos instalados en la misma época corresponden en cambio a implantaciones británicas. La primera de ellas fue realizada por don Jorge Drabble en Campana; el señor Drabble estuvo permanentemente vinculado al capital británico, como lo hemos expresado en su oportunidad; durante el tiempo que permaneció en el país, formó parte del directorio de bancos, ferrocarriles y diversas otras empresas. Y en cuanto atañe al frigorífico de Las Palmas, su fundador James Nelson lo transfirió a la Unión Cold Storage y posteriormente a la English & Dutch Meat Co., ambas constituidas con capital británico. Estas tres empresas de capitales anglo-argentino estaban ya desde 1897 vinculadas por acuerdos que regulan su producción y sus embarques; no es improbable que este acuerdo estuviera fundamentado en las facilidades que podía recordarle el tráfico ferroviario y que la resolución del gobierno británico referente a la prohibición del embarque en pie se hubiese obtenido en base a ese acuerdo.
El primer establecimiento instalado durante la segunda época, es decir la que se inicia a principios de este siglo corresponde también al capital argentino. Nuevamente la compañía Sansinena decididamente favorecida por las demandas de carne congelada a causa de la guerra anglo-boer, instaló una nueva unidad en Cuatreros y se apresuró a arrebatar de otras manos el frigorífico uruguayo situado en proximidades de Montevideo. Simultáneamente había adquirido numerosos depósitos en otras tantas ciudades de Gran Bretaña y organizaba una red de distribución en Buenos Aires, destinada a captar el consumo interior.
El frigorífico La Blanca se debió a la acción de un conjunto de ganaderos reunidos bajo la insignia de la Société Anonime des Viandes Congelées. Este establecimiento fue transferido en 1908 a la empresa norteamericana Morris y Armour. Y en cuanto al establecimiento Wilson, él no es otro que el Frigorífico Argentino arrendado a la compañía Sulzberger y posteriormente a la compañía norteamericana Wilson. Estas transferencias y acuerdos entre las diversas empresas aparecen en toda su cruda realidad a partir del año 1902, en que se produjo la entrada al país del capital norteamericano afectado a la industria del frigorífico. Se enfrentaban pues dos agrupaciones o entendimientos de empresarios empeñados en un mismo propósito e integrados el primero por los establecimientos anglo-argentinos antes mencionados y el norteamericano por los Wilson, y La Blanca de Avellaneda y Swift de La Plata.