El escenario de inversiones cambió con la digitalización y la movilidad es uno de los aspectos más resonantes.
La movilidad es una de las nuevas dinámicas de trabajo que trajo consigo la digitalización. De esta forma, nació el nomadismo digital, cuestión que se popularizó entre las personas de altos patrimonios, llamados los ultra high-net-worth individuals (UHNWI), con una dinámica de elite.
La nueva élite multimillonaria adoptó un estilo de vida transnacional, utilizando estrategias sofisticadas de planificación patrimonial, optimización fiscal y movilidad internacional. En este sentido, el especialista Fernando Boudourian remarca la importancia de tener una comprensión sobre las necesidades de cada cliente, antes de definir una estrategia de inversión.
El auge del nomadismo de élite: cómo funciona
El perfil del multimillonario moderno se desarrolló distinto en los últimos años, con una estrecha relación con el mundo digital, ante la posibilidad de una distribución de la riqueza en activos no tangibles y en diversas partes del mundo, aprovechando diversificar con estructuras de programas de residencia o ciudadanía por inversión.
El informe Global Wealth Migration Review 2024 de Henley & Partners, indica que al menos 120.000 millonarios en la última década cambiaron de residencia, en búsqueda de nuevas oportunidades de negocio, aprovechando incentivos fiscales y evitar zonas con inestabilidad política.
La digitalización de los mercados financieros y la proliferación de estructuras fiduciarias internacionales facilitan esta movilidad, para optimizar su estructura de vida y patrimonio. En este sentido, hay tres ejes que persiguen los inversionistas de alto patrimonio para desarrollar su nomadismo.
La optimización fiscal y estructuración patrimonial es uno de ellos, debido a que los marcos regulatorios son uno de los atractivos para inversores de alto patrimonio. Emiratos Árabes Unidos, Mónaco, Singapur y las Islas Caimán, son algunos de los destinos elegidos al ofrecer residencias fiscales con tasas impositivas reducidas o inexistentes sobre ingresos, patrimonio y herencias.
Ante este auge, algunos destinos lanzaron programas como golden visas y ciudadanías por inversión, que permiten a los inversores tener derechos de residencia o pasaportes a cambio de inversiones estratégicas.
Otro de los ejes que se tienen en cuenta es la geopolítica, en búsqueda de tener seguridad en sus patrimonios. Por ello, la incertidumbre política y la volatilidad económica son factores que impulsan el nomadismo financiero, llevando a muchos multimillonarios a reestructurar su residencia fiscal.
El estilo de vida globalizado en un ambiente digital con un enfoque flexible de estilo de vida con oficinas virtuales, inversiones en activos digitales y acceso a servicios de lujo en cualquier parte del mundo, es otro de los aspectos cruciales en la decisión de los inversores en realizar este cambio de vida.
Ciudades como Dubái, Singapur y Miami también desarrollaron infraestructuras diseñadas para atraer a esta élite global, teniendo opciones de mobiliario de ultra lujo hasta servicios financieros personalizados y redes de negocio exclusivas.
En este escenario, también las regulaciones fiscales globales evolucionan y los gobiernos se posicionan para captar más ingresos de los grandes patrimonios, teniendo estrategias de movilidad apuntando a que los UHNWI se vuelvan aún más sofisticadas.
Algunas claves que en este sentido son la mayor competencia entre jurisdicciones, incremento en el escrutinio regulatorio y el impulso de la digitalización del patrimonio. El nomadismo de los ultra ricos no solo es una tendencia pasajera, sino una transformación estructural en la forma en que la élite gestiona su patrimonio y su vida, cuestión por la cual los gobiernos intentan adaptarse a esta nueva realidad para perfeccionar sus estrategias para maximizar los beneficios de un mundo cada vez más interconectado y competitivo.