El desarrollo de los ferrocarriles particulares quedó pues, desde el punto de vista de la expansión de sus vĆas troncales, terminada a principios del presente siglo. A partir de 1900 comienza un trabajo paciente y sistemĆ”tico de encierro dentro de las fronteras que se habĆa fijado y que coinciden rigurosamente con las de la zona del Shorthorn. Empieza la tarea de construir ramales, de realizar transferencias, deformar bloques; en una palabra, de tender a la formación del bloque de bloques. En Ias provincias del litoral, con excepción de Buenos Aires, esta tarea no fue complicada ni halló interferencias de mayor consideración. Las empresas operaron dentro de la mĆ”s completa libertad. Ni los gobiernos de Córdoba y Santa Fe, en cuyos territorios se desarrollan las empresas del Central Argentino y de los FF.CC. franceses, ni en las de Entre RĆos y Corrientes, donde a la fusión del Entrerriano y el Noreste argentino, siguió la rĆgida formación del bloque de la Mesopotamia, opusieron obstĆ”culo de ninguna especie a los desarrollos ferroviarios. No hay mención en efecto de reserva alguna formulada a las frecuentes solicitudes destinadas a acrecentar la longitud de su red. Las de Santa Fe y Entre RĆos, luego de la venta de los ferrocarriles que habĆan construido sus gobiernos, habĆan renunciado a toda tentativa de restaurar su poder en esta actividad, las demĆ”s nunca expresaron intenciones de hacerlo. No puede imputarse esta indiferencia a su reducida capacidad financiera, porque aparte de que ella se ofrecĆa en otros aspectos, el ejemplo de la de Santa Fe es una prueba suficientemente decisiva en el sentido que las razones eran otras.
Hasta 1900, en efecto, la ocupación primordial de las provincias del litoral, con excepción de Buenos Aires, se ejercĆa en la agricultura, sin que por esto ninguna de ellas hubiese descuidado el crecimiento de su riqueza ganadera. La agricultura, al par que diversificar la propiedad de la tierra cuando menos en lo referente al nĆŗmero de sus usuarios, y en consecuencia limitaba el de los grandes latifundios, tenĆa la virtud de acercarse al sistema fluvial en muchos puntos. Entre RĆos lo hacĆa en ParanĆ”, Concepción del Uruguay, Ibicuy y Diamante; y Santa Fe, y por extensión Córdoba, efectuaba el embarque de cereales en Santa Fe, Rosario, y el conjunto de puertos próximos, Villa Constitución y San NicolĆ”s. El interĆ©s de la agricultura, se hallaba pues mĆ”s favorecido cuanto mayor fuera la ramificación del sistema ferroviario; a las provincias que practicaban esencialmente esta actividad les resultaba mucho mĆ”s favorable la extensión del nĆŗmero de ramales porque por su intermedio cada sector de ellos podĆa alcanzar el puerto mĆ”s próximo. Mientras se realizaba la formación de los sistemas ferroviarios, la multiplicación de los ramales era pues fundamental, sobre todo si se recuerda que la inexistencia de caminos generales y el pĆ©simo estado de los caminos vecinales, imponĆa o justificaba el empeƱo de cada chacarero por acercarse en lo posible a la vĆa. Es evidente que el remedio a la extraordinaria inversión que esto suponĆa, estaba en la construcción de un sistema vial que redujese la extensión de la vĆa al mĆnimo compatible con la riqueza que se trataba de extraer.
La ganaderĆa tenĆa problemas muy distintos. Desde luego no era compatible con ella la pequeƱa propiedad territorial; los intereses de la ganaderĆa se hallaban mucho mĆ”s concentrados y por lo tanto facilitada asĆ su expresión y su defensa. AdemĆ”s, la ganaderĆa no podĆa vincular la estancia mĆ”s que al puerto de Buenos Aires, y por extensión al de La Plata, porque solamente ahĆ funcionaban los frigorĆficos. Esta imposición tuvo la mĆ”s decidida trascendencia en la configuración de la red ferroviaria y explica por quĆ© la provincia de Buenos Aires tenĆa tambiĆ©n interĆ©s en la explotación de vĆas fĆ©rreas propias. Desde luego, tanto en Buenos Aires como en las demĆ”s provincias, la vĆa fĆ©rrea contribuĆa a enaltecer el valor de la tierra y en este sentido su extensión constituĆa una suerte de denominador comĆŗn de las actividades económicas de la zona litoral: se puede expresar tambiĆ©n que la construcción de ramales que concurren a la valorización de la tierra, no realiza su función en forma abstracta, es decir, que el propietario de la tierra afectada es el que resulta directamente favorecido y en consecuencia se concibe la lucha por determinados ramales con preferencia a otros. Poseerlos como integrantes de una red oficial, puede pues conducir mĆ”s fĆ”cilmente aĆŗn a los efectos inmediatos referidos. Pero ademĆ”s de esta circunstancia ocurre que, en Buenos Aires, por el hecho de hallarse emplazado ahĆ el puerto de embarque y los frigorĆficos, todas las empresas ferroviarias habĆan pugnado por extender sus lĆneas y alcanzar con ellas el puerto. Buenos Aires fue durante mĆ”s de un tercio de siglo, el que transcurre entre 1880 y la primera guerra mundial, teatro de la mĆ”s aguda y agresiva lucha realizada por las empresas con el objeto de definir, afianzar y extender su zona de influencia. Mientras ocurrĆa este dramĆ”tico episodio, es decir mientras cada grupo ferroviario luchaba por su hegemonĆa, el trazado de ramales asumió las formas mĆ”s contradictorias insistiendo excesivamente sobre un sector de la provincia y abandonando sistemĆ”ticamente otro, el del sudeste, en donde la lucha no presentaba caracteres tan acentuados. La repetición de estos hechos habĆa impulsado a los ganaderos de Buenos Aires a construir su ferrocarril, y a reconstruirlo cuando en razón de las normas polĆticas aplicadas durante los 1880, fue vendido al grupo de banqueros a cuyo frente se hallaban los dirigentes del ferrocarril del sur. La ley de 1907 referente a la construcción del ferrocarril provincial a Meridiano V.; la de 1904 acordando a la empresa Bruyn, Otamendi y CĆa., la construcción de ferrocarriles económicos que constituyeron lo que luego se denominó CĆa. General de Ferrocarriles de la Provincia de Buenos Aires; y la concesión a la empresa Lavalle y CĆa., que luego fue la del F. C. Midland, no constituyen en realidad mĆ”s que etapas parciales de la lucha de referencia.
Ella no terminó con estas realizaciones, porque lo exacto es que aun cuando los ramales afectasen exclusivamente al territorio provincial, tratĆ”ndose de una empresa nacional como eran la del Sur, la del Oeste, y la mayorĆa de las que cruzaban con sus vĆas el territorio de Buenos Aires, tanto podĆa concederlos la legislatura provincial como el Congreso Nacional. La jurisprudencia acodaba validez a la concesión otorgada en primer tĆ©rmino. La frenĆ©tica carrera por llegar primero, en este tipo de concesiones, ofrece derivaciones sumamente pintorescas y a veces inesperadas. Tal concesión provincial exigĆa la ejecución de un cierto nĆŗmero de obras, ramales, cambios de ubicación de estaciones, etc., no era poco frecuente aunque las concesiones acordadas por uno de los organismos competentes, fuese modificada, desde luego ampliĆ”ndose, por mandato del otro, bastaba en fin la necesidad de recurrir a la Legislatura o al Congreso en demanda de solución a algĆŗn problema ferroviario, para que surgiera el acuerdo condicionado a la ejecución de nuevas vĆas.

