Actividades comerciales

Las actividades comerciales obedecen a idénticas líneas normativas con la excepción que, a partir de 1925, ellas alcanzan cifras decididamente elevadas. Contrariamente a esto último, pero en forma análoga a lo que ocurrió con la agricultura, los préstamos a la industria, que habían comenzado a crecer discretamente hacia 1910, se redujeron de manera acentuada durante la guerra, no obstante que era entonces cuando la acción del Estado, efectuada a través de su banco, puede ejercer efectos duraderos. La conclusión parece ser pues, que la acción del banco oficial, lejos de constituir un aporte valioso al desenvolvimiento de las industrias agropecuarias ha acordado predominio dentro de ellas a la ganadería y luego a las actividades comerciales. No solamente en este punto la actividad del banco contradecía la afirmación del ministro, al fundar su proyecto de 1904, sino que al regular sus créditos a la situación económica circunstancial no diferenciaba su criterio del de los accionistas que miran la marcha de los establecimientos que contribuyen a formar” con el propósito de realizar una inversión ventajosa. Por lo demás, debe consignarse que entre 1925 y 1930, entre la casa central y las agencias de la Capital Federal absorbieron el 68% de los adelantos en cuenta corriente, en documentos, etc., lo cual, por supuesto que tampoco confirma una política bancaria destinada a salir de los centros urbanos. En su condición de Banco de Estado, el de la Nación pudo iniciar la práctica del clearing y propiciar diversas operaciones practicables dentro del régimen de la economía del crédito, como los acordados para la recolección de cosechas, para siembra, para trilla, etc. y otros referentes a la protección a la ganadería, mediante préstamos que superan los plazos normales hasta entonces. La idiosincrasia de este banco se atenía a los tradicionales 90 o 180 días, plazos válidos. Los tipos de crédito precedentemente aludidos fueron pues ampliados con el de amortización trimestral del 10% que conviene a las instalaciones industriales.

Las mencionadas disposiciones gradualmente incorporadas a las costumbres bancarias condujeron, conjuntamente con el proceso de concentración, que abarcaba a los bancos en la misma medida que a la industria, al comercio y a la tierra, a adoptar las innovaciones impuestas posteriormente a 1930; mediante ellas el Banco de la Nación acentuará su especialización en la economía agropecuaria y daría paso en la realización de las otras, al Banco Central y al de Crédito Industrial.  El proceso de concentración del capital bancario y desde luego de sus operaciones específicas constituye un acontecimiento derivado y producido paralelamente a la concentración del capital en la industria. La competencia, que existe también en el dominio del crédito, conduce a la concentración, de manera análoga a la que se produce en una rama industrial cualquiera. Se puede admitir que cuando los capitales renuncian a diluirse en un gran número de establecimientos, y se albergan en un contado número de ellos, éstos adquieren un poder enorme sobre el conjunto de la economía; el conocimiento de las cuentas corrientes y del estado de los negocios en general, permite a estos bancos orientar en el sentido que les convenga. En Gran Bretaña entre 1897 y 1907, más de 200 bancos fueron absorbidos por sus similares mayores: pero posteriormente a la primera guerra mundial este movimiento adquirió un dinamismo de tal naturaleza que la mayor parte de los negocios bancarios quedaron a cargo de los llamados “cinco grandes”. En Francia, la extensión de la actividad de los bancos hasta la industria, surgió durante el 2° imperio; Casimiro Perèire fundó hacia 1852, el Crédit Mobilier, en el cual lejos de limitarse a descontar pagarés, inició compañías, financió empresas industriales, y especuló en acciones y valores; a los tres años de su fundación distribuía dividendos superiores al 45 %. Posteriores ejercicios, menos brillantes, no lograron empañar los éxitos iniciales y todo lo contrario, comenzó una era de creación de instituciones semejantes. Durante los primeros 30 años de este siglo, la concentración de capitales que impulsó aquel movimiento, condujo a la formación de las 6 grandes compañías que ejercen actualmente un monopolio de hecho en Francia. Igual que los de Gran Bretaña, en Francia la banca privada se ha canalizado hacia las conocidas seis grandes combinaciones bancarias. 

La vinculación con las empresas industriales es también un aspecto característico de los bancos alemanes; éstos son más bien bancos que proporcionan capitales a la industria no sólo a corto plazo, sino en forma permanente. Son promotores de industrias, construyen ferrocarriles, canales, y acometen empresas industriales. Los banqueros son miembros de los consejos de administración de las compañías industriales y de tal manera la industria se halla supeditada a los bancos en forma acaso superior a la de los demás países. La influencia de los bancos ha contribuido desde luego a racionalizar la industria, actividad factible en razón de la similitud de los directorios, y a constituir un factor decisivo en el fomento de la formación de los grandes consorcios. La multiplicidad de industrias en las que intervienen los mismos directores, debe suponerse que constituye un recurso favorable a la eliminación de la competencia y por lo tanto a la formación de alianzas, división de mercados, fijación de precios, etc. El referido acontecimiento tuvo lugar también en la Argentina, no obstante, el deficiente desarrollo industrial que ofrecía hacia 1925, cuando el censo bancario pudo proporcionar las cifras que lo miden. Había en esa época 91 bancos de depósitos y descuentos en funcionamiento en el país con 710 millones de pesos de capital y reservas: los préstamos alcanzaban a 4.000 millones, los depósitos a 3.600 millones y las existencias a 850. Pero de aquéllos solamente 5 bancos poseían el 60,3% del capital, el 57,5 de los préstamos, el 60% de los depósitos y el 56,7 % de las existencias. El censo mencionado establece además que de los 710 millones de pesos que integraban el capital bancario, el 15,3 % pertenecía a los bancos extranjeros; el 19,1 de los préstamos y el 18,3 de los depósitos formaban además la cartera de ellos.