Otra de las grandes preocupaciones del presente, tanto para gobernantes, como para científicos, es el problema de la contaminación ambiental, que amenaza directamente al hombre, minando la salud e indirectamente deteriorando y aun destruyendo sus recursos. Es una de las grandes paradojas de nuestra humanidad: la corrosión lenta, imperceptible para el hombre común, pero implacable, como consecuencia del apogeo de la civilización. Pareciere haberse llegado a la cima del posibilismo que preconizara Vidal Lablache, por haberlo ejercido incontroladamente, y tener ahora que volver a Ratzel, con su tesis determinista, frente a un medio que el propio hombre está tornando aún más hostil que el que para Ratzel ponía límites a la supervivencia. Nos limitaremos a citar los principales, a saber:
a) Contaminación del aire, por la proliferación de chimeneas, de motores a combustión, etc.
b) Contaminación del agua, por la descarga de efluentes industriales, aguas servidas de las ciudades, arrastre de plaguicidas por las lluvias, el calor comunicado a los cursos de agua por las descargas de las industrias, etc. Al respecto, es alarmante constatar que en el área metropolitana (Gran Buenos Aires) sólo el 60 por ciento de la población dispone del servicio de agua por red y que el 60 por ciento no dispone de cloacas.
c) Contaminación por el empleo de insecticidas y otros plaguicidas, que puede ocasionar a la vez ruptura del equilibrio biológico.
d) Radiactividad.
e) El ruido.
Siendo que la industria es tal vez el principal generador de contaminantes se deberá prestar especial atención en la formulación y evaluación de proyectos nuevos, así como en la adaptación de las industrias existentes, a las normas que aconseja la ecología moderna. Habrá que afrontar en ello su costo social que deberá ser asumido por todos en beneficio de la comunidad. Por su parte, el Estado además de encarar la política y las medidas conducentes a lograr ese ordenamiento, será el responsable de la concreción de medidas de alcance nacional que comprenderán: la evaluación de los recursos naturales y su posible duración; estudiar el grado de contaminación de los elementos agua y aire); detectar los contaminantes; planificar el ordenamiento de la eliminación de residuos y excretas y estimular la investigación científica y técnica orientada hacia esos objetivos. Paralelamente, deberá promover una activa campaña de educación ecológica entre la población del país.
La Conferencia de Estocolmo
En 1972 se llevó a cabo en Estocolmo la Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, en cuyo transcurso se adoptó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). En ella, se aprobaron “criterios y principios comunes que debían ofrecer a los pueblos del mundo inspiración y guía para preservar y mejorar el medio humano”. El problema de la preservación y mejoramiento ambiental preocupa cada vez más, y en particular desde dicha conferencia, a los gobernantes de todo el orbe y a los sectores involucrados de la comunidad internacional. En la Argentina, el tema ha sido encarado con especial interés, al punto de que se ha creado una Subsecretaría de Ordenamiento Ambiental, cuya acción se suma a la que desarrollan concurrentemente diversos organismos especializados sectorialmente, como las grandes reparticiones nacionales que se ocupan de la fauna y la flora; de los parques nacionales; de la diversificación de la producción agrícola (lucha contra el monocultivo, el uso indiscriminado de fertilizantes, de pesticidas y del riego, etc.); de la radicación adecuada de industrias y el control de los procesos contaminantes de las mismas.

Cinturón Ecológico del Área Metropolitana
El proyecto de la realización del Cinturón Ecológico del Área Metropolitana, que es la concreción de ambiciosos estudios anteriores, se basa en la apremiante necesidad de purificar la atmósfera que circunda a Buenos Aires y sus poblaciones aledañas, mediante la eliminación de las principales causas de contaminación ambiental; a saber: hornos incineradores públicos y privados, basurales de concentración de residuos no incinerados y existencia de una importante superficie de tierras bajas, inundables e insalubres. El problema se veía agravado por el creciente volumen de los residuos domiciliarios y la escasez relativa de espacios verdes purificadores del ambiente. Al mismo tiempo que se persigue esa finalidad principal, el plan prevé la instalación, en tierras rehabilitadas, de centros recreativos y deportivos, parques y jardines y, fundamentalmente, una infraestructura de obras viales, desagües, alumbrado público y edificios; todo ello respondiendo a un plan urbanístico integral, en el que jugará un papel relevante la forestación. En apoyo del proyecto, conviene tener en cuenta que la generación de residuos en el área comprendida por el mismo asciende a más de 7.000 toneladas diarias; es decir, 2.500.000 toneladas anuales. Ese enorme volumen se concentraba en 150 basurales a cielo abierto existentes en el Gran Buenos Aires, al propio tiempo que la incineración domiciliaria y pública contaminaba el área con óxido de carbono y otros gases tóxicos, particularmente en los sectores más densamente poblados de la ciudad. A ello debe agregarse la existencia de una extensión cercana a las 20.000 hectáreas de tierras bajas inundables, parcialmente pobladas, en la costa del Río de la Plata, entre Avellaneda y La Plata. Para lograr los señalados objetivos se concibió la creación del Sistema de Parques Regionales, comenzando por el Cinturón Ecológico del Área Metropolitana, dimensionado para beneficiar a un conglomerado de unos 12.000.000 de habitantes hacia el año 2000. La realización del proyecto está a cargo de la sociedad “Cinturón Ecológico del Área Metropolitana Sociedad del Estado” (CEAMSE, surgida de un convenio entre la provincia de Buenos Aires. Las obras se desarrollarán en una reserva de tierras de jurisdicción de la provincia que circundan el conglomerado siguiendo la costa del Río de la Plata y la cuenca del Río de la Reconquista. A las obras de rehabilitación propiamente dicha se agregarán: la forestación de 2.000 hectáreas contiguas a los bosques de Ezeiza, que estará a cargo del Instituto Forestal Nacional (IFONA); la incorporación de reservas ecológicas constituidas por la “selva marginal de la costa” y la fracción que rodea la Casa Museo de Guillermo Hudson, con su vegetación original pampeana autóctona. Naturalmente, ese proyecto ya en ejecución se coordina con la supresión de los basurales y la implantación del sistema de compactadores domiciliarios.

