Recursos renovables

El agua. El agua es el recurso de mayor universalidad de uso y, a la vez, condiciona la existencia o supervivencia de otros recursos. Por esa razón, de acuerdo con la clasificación de los factores naturales que hemos adoptado, podría ser considerada tanto como recurso directo como indirecto. El agua es el elemento fundamental para la vida vegetal, animal y humana. Sin ella no existiría nada sobre la tierra, fuera del mundo inanimado de los minerales. Interviene, además, prácticamente en la totalidad de los procesos industriales, sea como ingrediente que no se incorpora al producto (fabricación de celulosa y de papel e industrias electrolíticas y químicas en general); sea como refrigerante de motores y máquinas, como fuente de vapor para máquinas y turbinas, como fuente de energía directa (energía hidráulica) o indirecta (energía hidroeléctrica), y finalmente, cuando se incorpora al producto como materia prima. Parece innecesario señalar la importancia del agua como alimento y vehículo de alimentos y como elemento indispensable para la higiene de la comunidad. Desde el punto de vista económico interesa fundamentalmente el agua para la agricultura por tal magnitud de las exigencias de ésta. De todos modos, en el orden mundial la disponibilidad de agua potable para todos los usos se ha convertido en una preocupación internacional, al punto de que las Naciones Unidas establecieron en una de sus asambleas generales (1965) el Decenio Hidrológico Internacional (1965-1974) para evaluar los recursos hídricos de la Tierra y despertar una conciencia universal sobre el uso racional del agua dulce. Esta preocupación se basa en el creciente empleo de ese elemento por el aumento explosivo de la población mundial y en el hecho de que de las reservas hídricas del mundo solamente el 3 por ciento son aguas potables (ríos, lagos, aguas subterráneas dulces y algunos glaciares. 

El resto es agua de mar, cuya desalinización es, por el momento, antieconómica. El problema del abastecimiento de agua a las comunidades, para sus diversos usos, frente a lo limitadas, y a veces mal distribuida disponibilidad, fue tratado en forma integral y exhaustiva por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua, celebrada en Mar del Plata en 1977.Fue uno de los eventos de mayor relevancia del organismo internacional y, conforme a sus recomendaciones, el período comprendido entre los años 1980 y 1990 ha sido declarado como el Decenio Internacional del Agua Potable y Saneamiento, con la finalidad de crear una conciencia firme en la humanidad entera acerca de la acción a realizar con una prioridad de gran dimensión. En el capítulo correspondiente se trata con alguna profundidad el problema del agua en la Argentina particularmente con relación a los cultivos. Se podrá apreciar allí en qué medida la escasez o falta de ese elemento ha impedido o dificultado un mayor aprovechamiento de nuestro suelo agrícola. 

El suelo. El concepto general de suelo, es decir por definición piso o superficie de la tierra donde asienta sus pies el hombre, no es el que interesa aquí. Nos interesa el suelo agrícola, es decir el que estudia la ciencia llamada edafología como soporte y alimento de las plantas. Es en esa acepción que se lo considera como recurso natural autorrenovable. Junto con el agua son los dos más importantes, al punto de que se ha dicho bien que “las naciones son un pedazo de tierra más agua”, como que la mayoría de los alimentos humanos y animales y muchas materias primas se obtienen directa o indirectamente del suelo. Naturalmente hacen excepción la fauna y la flora acuáticas. Los recursos del subsuelo comprenden: los minerales metalíferos, los no metalíferos, las rocas de aplicación, los combustibles, el agua subterránea y el calor central de la tierra de aprovechamiento energético en algunos lugares. Con excepción de estos dos últimos, agua y calor, que son auto renovables e inagotables respectivamente, todos los demás son, como se dijo, de carácter agotable. La explotación de los recursos del subsuelo es cada vez más intensa en el mundo y guarda relación con el desarrollo económico. El subsuelo de nuestro país, aunque todavía poco conocido por ser de reciente explotación, pareciera contener la mayoría de los minerales que permiten un desarrollo autónomo. Sin embargo, como se verá más adelante, hasta ahora no se tiene conocimiento de que existan carbones aptos para la siderurgia. Pero, repetimos, no está todo dicho en el país en cuanto a conocimiento de los recursos mineros. Del mismo modo, en los capítulos pertinentes se ven detalles sobre la disponibilidad y aprovechamiento de las aguas subterráneas y sobre las fuentes de energía, convencionales y no convencionales. Los factores naturales directos constituyen en sí, riquezas o fuentes de riqueza. Reciben el nombre de recursos naturales o bienes geográficos, los cuales por la acción del hombre al explotarlos se convierten en bienes económicos. Se llama reserva a la magnitud inferida, estimada o calculada de un recurso; ejemplo, reservas de petróleo, de carbón, de potencial hidroeléctrico, etc. Los primeros son aquellos que se reproducen espontáneamente, siempre que el empleo que el hombre haga de los mismos no supere su capacidad natural de reposición. Pueden ser autorrenovables o bien acrecentarse por la acción de éste. Casi todos los recursos renovables son a la vez acrecentados por el hombre. La magnitud de los recursos no es constante: puede aumentar con el progreso tecnológico (por ejemplo, el aumento de la fertilidad del suelo por empleo de fertilizantes y manejo adecuado), o bien disminuir por el uso, cuando se trata de recursos no renovables (minerales).